Desde lo Humano a lo Divino

Queridos lectores, la Tierra está ubicada dentro del sistema planetario y solar. Tiene hoy la oportunidad de trascender a niveles superiores e integrarse a las leyes que responde dentro de las nuevas nomenclaturas.
El hombre está constituido por siete chakras y siete glándulas, que están en concordancia para la creación y correcto funcionamiento del cuerpo de luz, cuerpo activado en esta etapa.

Ellos son: El chakra coronario, que incide sobre la mente superior; el chakra ajna, sobre el centro de visión. El chakra laríngeo incide en el proceso de transmutación. El chakra cardíaco incide en la apertura de la manifestación de amor divino (irradiación). El chakra solar incide especialmente en el plano de equilibrio y control emocional-mental. El chakra bazo-páncreas incide sobre los procesos de purificación – relaciones- El chakra base incide sobre el control de los instintos.

He informado que la mente es electricidad y el corazón es magnetismo; ambos, integrados, conforman el campo electro-magnético, que hoy genera tanta incidencia entre lo micro y lo macro-cósmico.
Los procesos de transformación, algunos impulsados por las corrientes internas y otras a nivel cósmico, generan la gran alquimia: Por ejemplo, el fuego eléctrico o Crístico estimula el receptáculo mental, provocando la descontaminación de los registros celulares y moleculares,  produciendo una nueva nomenclatura.

Para hacer posible su actividad, se necesita un verdadero trabajo interno: ¿a qué llamamos verdadero?…una decisión sostenida por voluntad de observación y modificación de actitud; el cambio de nomenclatura no es producida por factores externos, como sustancias u otros procedimientos, que en realidad consisten en meros paliativos carentes de efecto real.

Los cuerpos responden a los estímulos continuos emanados del núcleo solar. Ingresan en el hombre a través del cuerpo mental superior, que actúa como receptor de impulsos cósmicos.
La luz del alma reaviva la partícula cerebral alojada en el hemisferio derecho, permitiendo el despertar del nuevo código genético para así construir el hilo de unión entre lo inferior y lo superior.
El fuego kósmico, reactivado oportunamente en la alineación planetaria, ejerce un mayor impulso de vibración dentro del ser, para reordenar los centros energéticos y aumentar la función receptiva mental superior. Si el cuerpo no está centrado, la corriente no posee continuidad para crear un ritmo o frecuencia mayor.

Este fuego kósmico actúa dentro del hombre y dentro del planeta, otorgando estímulos constantes con referencias vibratorias acordes al nuevo nivel que ingresa.
Estos fuegos, al actuar, transmutan y liberan al ser físico. Producen liberación de dolencias y enfermedades a través del sistema nervioso central.
En el cuerpo emocional, inciden sobre las actitudes negativas, de autocompasión y temor. A su vez, crean afinidad, sensibilidad y amor en sus aspectos superiores.
En el cuerpo mental transmutan el desorden mental, posibilitando la afluencia de mayor luz y discernimiento y haciendo posible el contacto con la mente superior.
Este proceso de purificación y transmutación de los cuerpos inferiores, sobre todo el mental y el emocional, permitirá un mayor acercamiento entre el ser en ascensión y la tríada espiritual.

El desorden mental y emocional ocasionan la mayoría de las confusiones que hoy vive la humanidad. Las células y los átomos son estimuladas por el fuego. La falta de alineación con lo superior genera trastornos en los vehículos físicos produciendo profundas crisis.
El corazón del individuo debe estar alineado al Corazón Kósmico, que representa equilibrio y compasión. El trabajo interno ayuda a la cura que deviene en respuesta. Así, el fuego restaura el equilibrio perdido por falta de sintonía con el Plan o Propósito Cósmico.
Al ser el fuego el elemento inicial, está relacionando con la Mente de Dios y con el Propósito.

Dicho elemento generará, al desatarse, cambios dentro del orden humano y planetario y un nuevo orden de re-estructuración.
En algunas zonas vemos que hay incremento de incendios. Esto se debe en muchos casos a purificaciones que rigen el orden mental.
Los otros elementos, como el agua, están relacionados con la purificación emocional. El viento con la purificación de las creencias, y los sismos con las estructuras creadas y ya no adecuadas a estos tiempos.

La luz del sol ilumina en el día nuestro mundo, y por las noches las estrellas muestran la obra del Creador.
Existen, además, varias actividades que están acompañando hoy la mudanza del orden terrestre y planetario.
Todo servicio que conduzca a la reverencia y a la gratitud de lo creado aportará mayor CONCIENCIA LUZ.

Hoy estamos siendo colocados ante un nuevo y mayor desafío, una extraordinaria oportunidad se revela para que asumamos aquello por lo cual somos auto-convocados.
REVELAR AL CRISTO, DESDE LO HUMANO Y LO MACRO-CÓSMICO.
Esto significa integrar al Cristo en la materia que poseemos, en la cotidianeidad que vivimos, en lo que somos, en lo que sentimos. Dentro de uno y en el entorno. Como hermano, como sociedad, como humanidad.

Si el hombre conoce sus cuerpos, asume su luz y su sombra, y acepta por sobre todo su naturaleza como experiencia de vida y evolución. Comienza a transitar un camino mayor de comunión, entre sus propios cuerpos y aquello que revela su interior.
Así sucede con el hombre que asume estar presente, estar consciente. Debe integrar lo divino, no desde la palabra, sino desde la acción, desde el pensamiento y el sentir interior.
A los treinta años, Jesús al ser bautizado por Juan, desciende a ÉL, el Espíritu Santo, transformándose desde ese momento en Jesucristo. Lo humano y lo divino se integraron para manifestar LO Sagrado que el Padre revelaba a la Humanidad.
Hoy desciende, dentro del Nuevo Orden Cósmico esta nueva corriente de luz permitiendo que aquellos seres h-uma-nos re-encuentren su lugar, su Verdad y por sobre todo el Amor que los guió hasta el Templo Mayor.

En lo simple, en la contemplación de cada día y de cada noche, podemos reconocer el lenguaje de un nuevo despertar, logrando apreciar lo sagrado, lo divino y lo bello que otorga el Padre en el camino de la integración.
Todo es posible, cada ser sólo debe sentir, debe ser, asumir y comprender que a partir de él mismo se va creando el puente de luz que une la Tierra y el Kosmos.

Además, debe saber que puede, su propia naturaleza, transformarlo en un ser integrado, con conocimiento, con cualidades despertadas en su constante avance hacia la Verdad, hacia la Luz y por sobre, todo aprendiendo a amar.

No será fácil este proceso que habremos de vivir; implicará estar atentos, vigilantes de nosotros mismos, porque los hábitos, los malos pensamientos y el rencor dejaron huellas profundas en las memorias internas humanas. Sólo aprendiendo a sanar las heridas recibidas y algunas que hemos causado a otros, aprenderemos a recuperar nuestra realidad divina.

Con Amor y Luz.

Betty Muhn

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