Transitando la Cuarta Dimensión, “El Tiempo”

A vosotros hermanos, eternos caminantes del Cielo y de la Tierra, los convoco para que vivamos juntos  este nuevo tiempo, como bien vosotros sabéis el tiempo es la cuarta dimensión, es el plano que interconecta lo material y lo divino, en una nueva realidad trascendente y única que ha de conducirnos hacia el re-encuentro y la paz.

Iremos por cierto transitando  un camino diferente,  unidos en la luz, guiados por el amor, percibiendo la atracción que genera el gran imán cósmico “EL CRISTO”. 
Descubriremos  el camino mayor, el “camino de la estrellas”. La gran bóveda celeste nos ha de  cubrir, como el manto sagrado de la MADRE, para así depositar sobre nuestra naturaleza las nuevas partículas de luz, codificadas dentro de la resonancia mayor.

Será nuestro TIEMPO/ESPACIO, único por cierto, para cada ser; como también notable para la humanidad que comienza a despertar.
Es el tiempo oportuno  que permitirá recuperar nuestro origen, nuestra verdadera identidad. El tiempo “presente” dispuesto para llegar a lo profundo, al sentir y al obrar, de una nueva REALIDAD.

Como también será el espacio que el mismo HOMBRE ha de crear dentro de sí, para recibir lo divino que lo ha de integrar a dicha corriente universal.
Hoy arribamos a esta  plataforma de experiencia, después de haber transitado   un prolongado camino de  auto-conocimiento, buscando balancear cielo y tierra,  materia y esencia para así revelar lo inconmensurable, lo bienaventurado que posee dentro y fuera de sí, el ser humano.

En la vida existen períodos  predeterminados por la ley de evolución. Estos aportan sentido y dirección  a nuestra naturaleza  para así reconocer, integrar y trascender. Estos ciclos actúan sobre  cada plano que conforma nuestro habitad  generan desde el principio al fin la fusión con nuestro destino mayor; LA LUZ.

Hoy después de treinta y tres años, de permanente contacto, de incansables trayectos; comprendo de manera diferente el proceso que hemos vivido para llegar al gran salto cuántico.
Haber escalado cada ciclo hasta el nivel que oportunamente requería nuestro ser para integrar lo divino, fue dando a cada uno el soporte y la fortaleza para seguir hoy hacia lo trascendente e inmanente que nos otorga el regreso.

Estamos en los albores de un nuevo registro, conocemos y comprendemos que somos hacedores dentro del camino eterno. Ya somos almas y naturalezas comprometidas con la verdad; sentimos y percibimos la voz interior. Nos hemos descubierto quitando los ropajes de tantos personajes.

Somos partícipes de un gran legado y así nos sentimos impulsados por los movimientos tanto internos como cósmicos.
Todo se torna visible, y el hombre acompaña atónito el nuevo lenguaje que revelan los cielos creando el camino de la trascendencia.
Hoy Erks, no nos habla solo de encuentros, sino de compromisos y responsabilidades, unidas más allá de las naturalezas, asumidas por las esencias y reveladas por el despertar.

Existe un designio otorgado por DIOS, dentro del camino del re-encuentro somos simplemente peregrinos avanzando hacia el hogar.

La eterna ciudad dorada, posee la clave de este nuevo tiempo de oportunidad. El CRISTO “SAMANA” irradia su esencia para que podamos anidar las nuevas corrientes que conforman el diagrama entre lo interno y lo cósmico que se ha de completar.

Es el diseño holográfico que determina el tiempo de aceleración electro-magnética. Debemos aprender por sobre todo a vivir el PRESENTE, ya que dicha existencia genera y otorga conocimiento de lo que significa principio y fin, la evolución es el presente que torna consciente al hombre  para crear y asimilar la integridad.

Es importante comprender que el origen es la creación el Tiempo de DIOS, el fin el DESPERTAR,  el retorno. El presente es lo oportuno, lo que entrega el Cristo al hombre para ser consciente de su propia redención.
Dentro del ciclo de vida transitamos la misma recordando el pasado o creando el futuro, lo importante es comprender que debemos aceptar el presente, lo que significa vivir aquí y ahora descubriendo, revelando y construyendo lo nuevo.El tiempo cronológico es quien nos aporta madurez, crecimiento. Es la evolución asimilada tras los pasos constantes de experiencias.

Desde el origen somos luz, hemos elegido un destino un propósito y estamos avanzando impulsados por el legado histórico hacia este encuentro sagrado.
Estamos conscientes de los permanentes cambios, y sabemos que apocalipsis significa rasgar el velo y de esa manera elegir el camino adecuado al sentir de lo interno en resonancia con la atracción que genera lo cósmico.

Cuando el alma está comprometida por la voluntad divina, está siendo acompañada hacia el despertar, el cosmos conspira para ubicar cada pieza en el lugar correcto en el tiempo oportuno y en la tarea adecuada que fue designada por el creador.

Estamos volviendo a re-encontrarnos, estamos sintiendo que somos esa red de luz, creada desde el alma y el corazón.
Los planos internos poseen esa misma malla etérica conformada por los centros activados y por las subestaciones magnéticas, en la superficie los seres auto-convocados van creando el diseño que complementa tanto en lo interno como en lo cósmico. Todo se mueve rápidamente transformando los distintos registros en nuevos sonidos. La luz se expande y el ser humano siente esa nueva frecuencia dentro de sí.

El cuerpo del hombre a medida que avanza se hace afín a los estímulos que origina el orden divino, bajo las frecuencias del tiempo solex.
El tiempo solex se lo relaciona con nuestra verdadera identidad, nuestro origen. Somos chispas de un sol central, remanentes, auto-convocados en camino hacia la unidad. Simplemente somos seres humanos despertando las memorias divinas.
Al recuperar nuestro conocimiento almacenado en el hemisferio derecho, re-ordenamos nuestra realidad de vida humana, transitando lo cotidiano seguimos descubriendo lo divino.

Algunas veces se me hace difícil expresar todo lo que siento; y más cuando lo que se va percibiendo es aquello que fue revelado hace tanto tiempo.
 Y si nos remontamos a que el tiempo es la cuarta dimensión y si la comparamos con el cuarto rayo vemos que existe en ambos casos la misma tensión, o tracción entre una realidad y otra.
Si el tiempo se acelera de manera dinámica como lo hace dentro de este ciclo de transición nos ubica en la oportunidad de lograr unir el origen y el fin, en el presente que existimos, porque logramos transformarnos en luz.

Ya he expuesto innumerables veces lo que determina el tiempo nuevo. La transición es el movimiento constante, permanente que conduce al mundo y al sistema a una gran transformación. Dentro de ella, nuestra existencia adquiere el conocimiento para acompañar este enorme desafío de trascender.

El mundo, nuestro habitad posee una nomenclatura establecida en la creación. Oportunamente con el desarrollo y la continuidad de consciencia adquirida por la especie humana logrará ésta decodificar la  misma aportando en la frecuencia el nivel de resonancia que determina la fusión.

Lo que nos otorga el Cristo Cósmico es la oportunidad de iniciar el recorrido hacia dicho objetivo, despertando gradualmente la frecuencia interior, aprendiendo lenta pero constantemente a sostener el ritmo interno de contacto que genera el corazón.

El impulso que determina el sistema solar condiciona al sistema neural trayendo la posibilidad de accionar progresivamente las receptividades impulsadas por la luz, corriente eléctrica que determina el movimiento tanto interno como externo, físico, cuerpo interior y cuerpo etérico.
Ambos poseen  un mecanismo conductor interconectado entre los sistemas que dan vida al organismo o instrumento global que representa el ser humano. 

El campo etérico que conforma la envoltura áurica. Estos aspectos podríamos también relacionarlos con el nivel de tercera dimensión “lo físico, lo concreto”, la cuarta dimensión la luz de los sistemas accionados creando las correctas funciones de transformación, y  la quinta con el huevo áurico o sistema inter-conector macrocósmico.

Todo en conjunto conforma la unidad de vida desde el origen al fin, el tiempo crea reacciones y dentro de ella la redención otorga el conocimiento definido para ser comprendido. Esta palabra tan utilizada en el tiempo de transición genera el movimiento y el accionar correcto. Entre lo individual, colectivo y global, o sea, la purificación, la transmutación y la transfiguración son aspectos definidos en la integración de nuestros sistemas y cuerpos para vivir adecuadamente el salto cuántico.

La transición es el tiempo que determina dicho movimiento de trascendencia acorde al desenvolvimiento de los registros que se completan dentro del espacio interior y cósmico, humano como planetario.
Esto significa que a medida que el hombre alcanza el nivel de frecuencia superior genera un estímulo idéntico con el origen, ya que dentro del ciclo original la frecuencia fue mayor, a medida que se desarrolló la evolución si bien avanzamos materialmente, disminuimos esencialmente, permitiendo crearnos dentro del ámbito que había sido dispuesto para la vivencia humana.

Por ello el ADN es antes de nacer, antes de tomar materia, fuimos luz, descender de plano, alojarnos en un cuerpo físico fue adaptarnos a los registro naturales que conformaron el nuevo sistema planetario dentro de lineamientos constituidos por 3 planos y cuatro reinos. Siendo nosotros el cuarto reino. El quinto es el hombre consciente del cuerpo utilizando los atributos divinos, es el reino de DIOS en la tierra.
Este camino emprendido hace tantos siglos, no ha detenido su marcha y siempre se la ha medido dentro de ciclos de tiempo como así mismos de evolución adquirida.

En cada una de estas etapas se fue acelerando el nivel de receptividad y capacidad intuitiva a nivel individual como masiva, quienes respondían a este estímulo comenzaban a descorrer los velos de lo inimaginable para llegar hoy al tiempo de la integridad.

Somos viajeros incansables, peregrinos eternos utilizando distintos cuerpos en cada  existencia humana, para nosotros renacer, re-encarnar es parte de un proceso constituido por amor, vida y evolución. El constante mecanismo al que está sujeta la raza le permite adquirir en cada ciclo de su propia evolución conocimiento y de allí en más, aportar el mismo en forma consciente o vibratoria. Existen quienes interpretan el mensaje y aquellos que generan el movimiento de dicha transformación unificada por la frecuencia de similitud.

No es casual que dentro de este tiempo de revelación tengamos tantas señales en los cielos, la última el movimiento de rotación de Mercurio impulsa una vez más a comprender que existe un nuevo inicio, relacionado directamente con  el  movimiento mayor, sistema macro-cósmico.
Se ha llegado al momento de unir lo divino con el camino del re-encuentro.

Con amor y gratitud

Betty Muhn

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